Ícaro: el comienzo de un viaje de alturas

Ícaro: el comienzo de un viaje de alturas

Un 17 de julio de un año cualquiera en una localidad de una isla de centroamerica a las doce de la mañana,el tiempo cambiaba paulatinamente a mejor; el sol, sus rayos y su calor se abrían paso antel as nubes blancas a las que poco a poco le ganaba terreno. Pues a esa hora ya empezaba a hacer calor.

La sombra de una persona, la cual no se podía diferenciar entre un hombre o una mujer, se divisó en la entrada de un bar.

La mitad de la sombra, de cintura para abajo, quedaba por fuera de los límites del local y por tanto no se veía desde dentro, pero de la cintura para arriba si se podía observar, pues siempre se veía la mitad de la sombra cuando alguien iba a entrar en el establecimiento y mas en este bar de pueblo en el cual no entraban nunca mas de diez clientes habituales, por lo que las personas que estaban dentro ya adivinaban a través de la silueta quien iba a entrar.

A veces pedían algo de beber para esa persona antes de ver su cara, pues al ser pocos y conocerse, entre ellos se saben los gustos de cada uno.

Este bar, por no llamarlo antro, tenia un aspecto viejo y desgastado por el exterior ya que estaba hecho de madera y esta no tenia pinta de haberse tratado desde hace mucho tiempo, y por tanto lucia un aspecto horrible debido al clima tropical y sus fuertes fenómenos meteorológicos que lo fueron debilitando con el paso de los años.

La entrada del bar tenia dos puertas, una a cada lado, sujetadas cada una por una bisagra grande y oxidada haciendo que estas sólo se pudiesen abrir en una sola dirección; hacia adentro.

No tenían manilla y parecían sacadas de un “saloon” del viejo oeste norteamericano.

Encima de la entrada había un cartel grande, también oxidado, el cual aún conservaba trazas de pintura negra como color de fondo.

Las letras que componían el nombre del local si se podían leer, pues habían sido pintadas y repintadas con el paso del tiempo.

Se podía leer: “Tequila Boom Boom”.

La sombra se extendía cada vez mas y mas de la entrada hacia adentro haciendo creer a los mas ebrios que era un monstruo salido de las entrañas del averno dispuestos a llevárselos por sus pecados cometidos en antaño, mientras que los mas lúcidos por aquella hora contemplaron como la sombra acarreaba una persona detrás de ella, mas concretamente, un hombre.

Este hombre, de aspecto joven, no tenia mas de veinticinco años y vestía un sombrero de paja junto a una camisa floral de manga larga cuyas mangas estaban enrolladas a lo largo de sus antebrazos.

También portaba unos pantalones cortos de tela vaquera y unas zapatillas negras de lona.

Tenia el pelo largo y este le caía por los hombros. Portaba también una barba larga y espesa con la cual junto al sombrero y el cabello largo nadie se fijó en sus ojos nada mas entrar.

Estos eran marrones, del mismo color que su cabello y vello facial.

Este extranjero (así resultó a primera vista para los presentes debido a la imagen personal que presentaba), se acomodó en el taburete de la barra mas cerca de la puerta. Se sentó junto a dos señores, ambos de entre cuarenta y cincuenta años de edad, mientras que el resto de los presentes estaban en las diversas mesas redondas de madera colocadas a lo largo y ancho del habitáculo de espaldas a él.

– Ron, por favor. – le dijo el extranjero al camarero.

Y mientras el encargado se lo servia, el extranjero dió un giro de ciento ochenta grados a su taburete rotatorio, observó con la mirada el local por dentro y a los presentes, fijándose con ojo avizor en todos los pequeños detalles de este antro: los cuadros, dónde se situaban los aseos, los filtros de agua, las aspas de ventilación , lo que consumía cada uno, el mobiliario desgastado, etc. No se le escapó nada.

– Aquí tiene, son dos dólares. – le dijo el camarero mientras le ponía la bebida en la barra justo delante de él.

– Gracias, aquí tiene. Quédese con el cambio. – le respondió el extranjero mientras le entregaba el dinero.

– ¡Vaya!, muchas gracias. Que generoso por su parte. – Contestó el camarero. E inmediatamente hizo sonar una pequeña campana que avisaba de cada propina recibida en el local. Pues el extranjero le había dado el doble de lo que valía la consumición.

– ¡Puaj! ¡Malditos forasteros ricos! – se escuchó por el fondo del bar.

Nada mas escuchar el comentario, el extranjero se giró, echó una mirada rápida y se volvió de nuevo cara a su consumición. Dió un sorbo e inmediatamente se volcó en silencio en sus pensamientos.

Tras cinco minutos, al señor que estaba sentado a su izquierda le apetecía mantener una pequeña conversación y miró de reojo al extranjero y le dijo:

– ¡Eh tú! ¿Eres de por aquí? ¿Cómo te llamas?

Entonces el extranjero también le miró de reojo para comprobar que esa pregunta iba dirigida a él.

Una vez se percató de que la pregunta iba dirigida a él, giró la cabeza en su dirección y le respondió:

– No, no soy de aquí y no tengo nombre. –

– ¡¿Que no tienes nombre?!, jejejejej….- dijo el señor sorprendido nada mas escuchar la respuesta

– No, no tengo. – contestó el extranjero.

Entonces el otro cliente sentado a la derecha de el extranjero irrumpió en la conversación.

– Pero hombre, ¡Cómo no va a tener nombre!, ¡Si hasta los gatos tienen uno! –

– ¿Acaso importa? – replicó el extranjero.

– ¡Pues muy bien!, ¡No me lo diga si no quiere, a mi ya me da igual usted! – respondió enfadado el señor que inicialmente le había hablado.

Y terminó diciendo por lo bajo. – Será maleducado. –

-Señor, disculpe mis maneras, pues no conllevan malas intenciones, simplemente no creo que un simple nombre sea impedimento para comunicarse, pero si de verdad lo necesita, puede llamarme Ícaro. –

– Pues bien, así lo llamaré. ¿Y de dónde es Ícaro? Porque de aquí no creo. Nunca lo he visto.- dijo el señor ya más calmado.

– Soy de aquí y de allá. – contestó Ícaro.

– ¿Qué quiere decir con eso? Déjese de misterios. – Preguntó de manera mas ruda el señor.

Una ligera sonrisa con aire misterioso se le dibujó en la cara al extranjero que enseguida respondió:

– Nací en España, pero ya no soy de ahí. Pues ahora soy de todas partes y lugares. –

Entonces otra voz que provenía de las mesas del fondo del local surgió de repente.

– ¡Otro loco en este pueblo, lo que faltaba! –

Ícaro se giró al escuchar el comentario y al no ver quién lo dijo, se volvió de nuevo.

Entonces el camarero se atrevió a entablar conversación con él.

– ¡Ah! Pues este es un bar español, al menos ese fue su origen una vez, aunque se intenta conservar ese gran detalle. –

– Lo sé, me lo imagine al ver que se llama de esta manera tan peculiar. Y ademas está donde está, que esta región es de habla hispana y en América, existe gran influencia española debido a las grandes emigraciones. – dijo Ícaro.

– Efectivamente, tiene usted razón. – dijo el camarero.

Entonces la misma voz crítica que había surgido antes de las profundidades de la taberna, volvió a sonar.

– ¡Vaya! Mira tú que listo el tipo este. –

Entonces el extranjero levantó la vista de su vaso y se giró de nuevo y con ojos desafiantes echó un vistazo a su alrededor, y sin que esa dura expresión facial de enfadado desapareciese de su rostro, dijo:

– Bueno, ¡Ya esta bien! He intentado mantener las formas hasta ahora, pero a la tercera vez que se me falta al respeto ya no lo tolero. ¡Exijo que el responsable de tal falta de tacto y humanidad se pronuncie ahora mismo! –

Y sin que se le borrara la cara de enfado siguió observando a su alrededor durante unos segundos cuando por fin el culpable se atrevió a levantarse. Entonces el camarero de manera abrupta y con el fin de evitar peleas en su querido bar, dijo:

– Por favor, Ícaro, gírese de nuevo y sigamos hablando. Se lo ruego. No hace falta que nadie se pelee. Ignórele. –

Para cuando el camarero terminó de rogarle, el extranjero levantó el brazo con la palma de la mano hacia él como señal de silencio.

Tras una breve pausa se dignó a hablarle al pueblerino enfadado quien de momento no se hubo pronunciado.

– No le conozco, principalmente porque no he tenido el placer de presentarme ante usted hasta ahora, pero si tiene algún problema conmigo le ruego que lo comparta. –

Y justo cuando el hombre a la sombra iba a abrir la boca para soltar toda la rabia acumulada durante tiempo y pagarlo con Ícaro, el camarero le interrumpió diciendo:

– Jack, por favor, no empieces una pelea diciendo algo de lo que luego te puedas arrepentir. En mi bar no quiero peleas de ningún tipo que bastante viejo es como para que esto pueda llevar a algo físico y rompáis Dios sabe que. –

Y entonces Jack, quién era un pescador de la zona que estaba sentado al fondo cuyo trabajo y pasión no le trataba muy bien desde hacia tiempo, empezó a soltar su ira contenida del ultimo año contra el extranjero. Pues no había pescado nada que valiese la pena y sus deudas se acumulaban a cada día que pasaba, motivo claro de su enfado.

– ¿Qué no empiece una pelea? Pero como no voy a empezar una pelea si llega uno con pintas de turista y de pobre y para cuando se le quiere preguntar algo te responde con aire de superioridad y misterio.

– Y continuó hablando fuerte dirigiéndose esta vez a Ícaro. – Te hacen preguntas sencillas

y tú como si nada. ¡Que si que importará eso!¡Que si no tengo nombre! Basta ya. Si no quieres hablar dílo o vete, pero no te creas lo que no eres y respondas así. –

Entonces Ícaro susurró para sí mismo.

– Muy bien. Otro candidato menos. -Y enseguida le respondió a Jack.

– Perdone usted si le he molestado señor Jack, pues ésta es la única ropa que me queda. Sé que no es una buena combinación de colores pero es bastante cómoda para estos días de calor. Además que me es necesaria ya que viajo mucho estando expuesto al sol y enseguida me acaloro. – Y diciendo

con voz muy baja para asegurarse de que nadie le oyera. – Sobre todo en ese globo tan cerca del sol.

– y terminó diciendo con voz mas alta. – Y en cuanto a mis maneras, también le ruego que me disculpe, pues no tengo la costumbre de tratar con personas últimamente. – dijo Ícaro

Entonces el dueño del bar y camarero que si había escuchado lo dicho en voz baja le preguntó.

– Otro candidato menos. ¿A qué se refiere? –

Mientras este formulaba la pregunta que marcaría un antes y un después al poco respeto que le quedaba a Ícaro por parte del resto de clientes del local, Jack le dió un trago largo al vaso de vino que tenía en la mesa donde se sentaba diariamente y meditaba con ayuda de la soledad y el alcohol sobre su situación económica y profesional.

Se limpió la boca con la manga de su desaliñada camisa y aunque aún enfadado, la calma se fue apoderando de él progresivamente.

Cuando el camarero pronunció esas palabras, Ícaro miró su copa de whisky medio llena, meditó sus palabras unos segundos y respondió con tono serio y distinto con el que había contestado anteriormente.

– ¿Me lo llena?, el vaso. Por favor. –

El camarero en silencio cogió la botella y relleno el vaso, volvió a dejar la botella debajo de la barra y le miró fijamente dando a entender que esperaba una respuesta.

Entonces Ícaro apartó la mirada de la copa mirando de reojo al camarero, devolvió la mirada a la copa y dijo:

– Esta bien. –

Pero cuando abrió la boca para responderle, el cliente del local que se sentaba a su izquierda saltó en un tono desesperado e irrespetuoso que daba a entender que la intriga y las largas pausas en las conversaciones no le agradaban, es más, le desesperaban.

– ¡Que respondas la pregunta que te ha hecho Rigoberto, necio! – dijo el hombre.

Ícaro giró la cabeza para echarle una mirada desafiante y luego volvió a mirar al camarero Rigoberto y dijo:

– Pues se lo diré. El caso es que estoy recorriendo el mundo en globo aerostático y entré en este bar no solo a refrescarme con un whisky, el cual te digo que está muy bueno, si no para hablar con alguien, ya que tanto tiempo por los cielos sólo me hace muy solitario y temo volverme arisco y huraño.

Y si se da el caso de conocer a alguien interesante y amable, quizá le ofrezca empezar a recorrer este mundo a mi lado.

Entonces, de un silencio inescrutable característico de los bares de pescadores, todos los presentes salvo dos personas (el camarero Rigoberto y un chiquillo de apenas veinte años de edad sentado junto a Jack) se empezaron a reír a carcajadas, y tras dos minutos de risas incesantes se empezaron a oír frases intercaladas con mas risas tales como:

– ¿Un globo? Jajajajaj, ¿Pero de qué hospital psiquiátrico te has escapado tu? – dijo uno.

– ¡Un globo dice! Jajajaja. – dijo otro riéndose.

– Jajaja, ¡No te lo crees ni tú eso que has dicho! – dijo otro mas.

Al cabo de cinco minutos, las risas empezaron a ceder cuando los presentes empezaron a sentir dolor de barriga de tanto reír.

Durante esos cinco minutos, Ícaro, quién no dejaba de observar uno a uno los que osaban reírse, estaba muy serio, pues no veía bien que se burlasen del sueño que tanto le costó llegar a vivir y el cual le proporciona tanta alegría.

Una vez cesaron las risas y las mofas, este se digno a hablar con la mas seria expresión que pudo llegar a poner en su rostro en toda su vida.

– Rigoberto, gracias por no reírte. Sé que parece un chiste lo que dije y a pesar de haber notado como se dibujaba una ligera mueca en tu cara te agradezco que no fuese a más. Y chico… –

De repente el extranjero miró fijamente al joven que estaba sentado al lado de Jack, quien parecía tener una expresión facial de tristeza y decepción, motivo seguro por el cual no se río.

El muchacho se dio cuenta de que Ícaro se dirigía a él pero para asegurarse respondió:

– ¿Se refiere a mi? –

– Si, tú. Disculpa que no te trate de usted pero el simple hecho de que no te hayas reído de lo que dije hace que te considere algo parecido a un amigo. – Y continuó diciendo.

– Bueno, lo que queria decir es que te agradezco que no te hayas reído de mi también. Gracias. –

Y con voz apagada el muchacho respondió:

– Ah, no ha problema. No importa. –

Entonces nada mas terminar el chico de hablar, Rigoberto abruptó preguntando:

– ¡Pero oye!. Entonces, ¿eso del globo que contaste, es cierto? –

A lo que Ícaro respondió de manera serena y amigable:

– Si, si que es cierto. No hay mentira en mis palabras, es más, el globo está fuera atado a una valla. –

Tras oír eso, a todos los presentes del local se le abrieron los ojos y se le dilataron las pupilas como si hubiesen presenciado algo terrible que proporcionase mucho miedo. Y por si quedaba algo de gracia en sus palabras o motivo para mofarse, con lo último dicho por Ícaro, todo rastro de ello desapareció creando un silencio sepulcral. Tras haber notado dicho detalle, Ícaro dijo:

– ¿Ahora ya no se ríe nadie? ¿Ni lo mas mínimo? Vaya. Una pena. Esto se estaba poniendo divertido. Esperaba reírme un poco con todos vosotros, pero por lo visto ya no se dará la ocasión.

Y tras pocos segundos de silencio tras haber dicho esto, miro a cada uno de los presentes a la cara y continuó diciendo:

– Podéis ir a verlo y comprobar que digo la verdad. –

Entonces todos los que estaban sentados se levantaron a la misma velocidad cual rayo baja de los cielos y empezaron a salir a la vez empujándose los unos a los otros como si huyeran despavoridos de un desastre natural. Pues en un abrir y cerrar de ojos todo el mundo pasó de estar dentro del bar a estar fuera para admirar lo prometido.

El establecimiento quedó vacío salvo para Ícaro, quién miró a su alrededor , vio que no quedaba nadie dentro, y volviendo a mirar su copa de whisky esbozó una pequeña pero pronunciada sonrisa de victoria.

A medida que fueron saliendo todos, éstos se fueron colocando uno al lado del otro formando una semiluna o medio coro.

Todos miraban a un lado y a otro y nadie veía nada, hasta que uno de ellos se percató de una cuerda atada a la valla publicitaria donde se anunciaba unos recambios de neumáticos a muy buen precio.

Este, tras ver que la cuerda no iba por el suelo, cosa que de primeras le sorprendió, la siguió con la mirada y se dio cuenta de que ascendía hasta el cielo, y entonces lo vió. Vió el globo y gritó:

– ¡Eh! Ahí esta! Arriba del anuncio de los neumáticos Clayton&Sons!- dijo señalando al cielo.

Entonces todos miraron inmediatamente hacia la valla y siguieron con la mirada la cuerda como había hecho quién les avisó. Todos lo vieron. Quedaron atónitos. Sin palabras.

La mayoría de ellos abrieron la boca de asombro nada mas verlo y otros pocos dijeron:

– ¡Oh, Dios mio! –

– ¡Es enorme! –

– ¡Santo cielo! ¡Así que no mentía! –

El globo les resultó impresionante. La barquilla donde va el pasajero estaba hecha de mimbre y junco de la mejor calidad posible entrelazado y con refuerzos de metal.

La tela del globo, de color amarillo crema presentaba lineas negras formando círculos al rededor de este.

Se podía observar como estaba impoluto y en buenas condiciones dando la sensación de nuevo. Pues así era y sigue siendo, porque Ícaro lo cuidaba como a un hijo y le proporcionaba mantenimiento cada semana desde que se hizo con él.

Todo eso daba a entender que Ícaro pone mucho empeño en su sueño y en su forma de vida, detalle que todos los presentes que observaron en ese momento el globo de manera perpleja lo notaron enseguida.

Tras diez o quince minutos fuera del establecimiento observando el globo aerostático, empezaron a entrar en el bar uno a uno, esta vez sin empujones, mas calmados, entre otros motivos porque estaban algo en shock.

El primero en entrar fue Rigoberto, y el último fue Jack, quién mas trabajo le

costó entrar debido a la vergüenza que sentía por haber tratado a Ícaro como a un pobre loco y mentiroso.

Una vez todos dentro, se colocaron al rededor de Ícaro en busca de respuestas sobre sus viajes, sus expectativas y sobre su vida.

Rigoberto también ocupó su puesto tras la barra y dijo maravillado:

– ¡Así que era todo verdad!¡Que globo mas grande y bonito! ¿Y no te da mucho miedo viajar en él?-

A lo que Ícaro respondió:

– Si, todo es verdad, pues nunca tuve intención de mentiros, no soy mala persona y aun así me habéis juzgado nada más entrar por mi aspecto y mis oxidadas maneras.

Y si, aún me produce algo de temor viajar en globo, uno nunca se acostumbra, pero se me pasa cuando miro abajo y me quedo absorto con la hermosa vista que se divisa desde arriba. –

– ¿Y cómo es que decidiste adoptar un estilo de vida tan errante y casi imposible de vivir hoy en día? – continuó preguntando Rigoberto, quien estaba completamente asombrado.

A lo que continuó preguntando una voz por el fondo del coro de gente formado al rededor de Ícaro.

– Supongo que habrá sido duro llegar a lo que eres hoy, ¿verdad?. –

– Pues si, la verdad es que no ha resultado un camino de rosas pero tampoco ha sido imposible.

Cuando uno nace, este tiene la libertad de hacer con su vida lo que desee y puede aspirar a todo lo alto que quiera llegar, pues no hay nada imposible.

Algunos objetivos cuestan menos y otros más, pero con perseverancia se puede conseguir lo que uno se proponga. Esa es la clave, perseverancia y determinación. – recitó Ícaro.

– Cierto, cierto, muy cierto. Pero cuéntanos tus planes futuros y cómo conseguiste ese apabullante globo. – dijo Rigoberto.

– Bueno, si os interesa de verdad, lo diré. – Y continuó diciendo. – Pues siempre desee viajar en globo y ver mundo.

Cuando era un niño construí uno pequeño, y tras haberlo sujetado bien al suelo empecé a cobrar algunas monedas a mis amigos del barrio en el que vivía por subir cinco minutos a las alturas y observar como se veía todo desde arriba.

Con lo que conseguí ahorrar de ello mas la venta de las propiedades de mis padres una vez estos fallecieron, pude adquirir uno económico que poco a poco lo fui mejorando hasta convertirlo en lo que visteis hace escasos minutos. – Dijo Ícaro.

– Y cuando Rigoberto le iba a realizar otra pregunta, este continuó diciendo – En esta magnífica aventura me embarqué hace ya dos años y he realizado diversas paradas, como la que hice hoy en esta isla.

En una de ellas conocí a un viejo que rozaba la demencia y éste me regaló un mapa lleno de acertijos, instrucciones y símbolos que denotan donde se haya escondido un tesoro.

El viejo debía de hallarse en sus ochenta años pero no sé porqué, cuando me dió el mapa y me habló del tesoro, no parecía que lo estuviese haciendo desde la locura, ni mucho menos.

Es más, le creí en todo. La historia que me contó me apasionó y se apodero de mi mente en gran parte, así que ahora viajo no solo para ver el mundo, descubrir culturas nuevas y conocer gente de todo tipo, sino que surco los cielos en busca de ese tesoro sin saber si existe o no.

Entonces reinó un silencio difícil de romper tras lo dicho por Ícaro, pues todos quedaron absortos con ese relato de su pasado.

Ya nadie dudaba de sus palabras y inmediatamente todos le creyeron.

Nadie se rió. Cada uno de los pueblerinos estaba petrificado por lo que sus oídos hubieron escuchado, cuando Rigoberto se atrevió a romper el silencio diciendo:

– Pe… pero, ¿Cómo es posible abandonar todo lo que uno tiene, todo cuanto a uno le rodea y embarcarse ciegamente en un viaje para recorrer el mundo en busca de algo que ni siquiera se sabe si existe? ¿Y qué pasa si no existe?¿Y qué pasa si ya lo ha encontrado alguien antes?¿Qué pasa si

fracasas por el camino o te sucede algo grave? –

Entonces Ícaro, de manera seria, bajó la cabeza para mirar la copa, se le formó de repente una leve pero definida sonrisa y contestó:

– Amigo Rigoberto, en esta vida hay que confiar en uno mismo y tener esperanza, pues si no, uno está perdido y no tiene nada a lo que agarrarse. La esperanza es lo último que se pierde.

Como te conté antes, es muy fácil dejar atrás una vida, que en mi caso, no estaba hecha a medida para mi.

Sólo que hay que desearlo y llevarlo a cabo, que es la parte difícil. No me embarco en este viaje por el tesoro, no. Para mí el tesoro es secundario, lo importante son los pasos hacia él, el camino a recorrer, las mil y una aventuras que me llevarán hasta él.

Si no hay tesoro, pues no pasa nada, te aseguro Rigoberto, que seré mas rico sin él, y sobre todo mas feliz. – Dijo Ícaro.

– Vaya…Que claro lo tienes. – Dijo Rigoberto, abismado tras el pequeño discurso pronunciado por Ícaro.

– Y en caso de que exista dicho tesoro y lo llegues a encontrar, ¿Que harás con él? – continuó preguntando de manera ansiosa Rigoberto.

– Bueno, algo me dice que será mucho para mi. Si existe de verdad, no creo que lo pueda disfrutar todo, de modo que…- dijo Ícaro.

Entonces una voz distinta surgió de repente de la nada.

– ¿ De modo que qué? – Dijo Jack.

– Cuando hago descansos entre viaje y viaje, no solo trato de reponerme, sino que trato de buscar a alguien al que convencer con el fin de hacerle cambiar de mentalidad y que me acompañe en mis aventuras, alguien que desee viajar como yo y que quiera escapar de su precaria vida a tiempo.

Alguien valiente, leal y hábil trabajando. – Y continuó diciendo – La vida ahí arriba es un tanto solitaria, y bien sé que manejar un globo aerostático no es tarea sencilla para una sola persona, al menos este globo tan grande, de modo que me gustaría llevarme a una persona conmigo, a uno de vosotros para que me ayude, para que viva libre de verdad como hay que vivir, para que comparta el tesoro que busco, para que pueda enseñarle las innumerables bellezas que contiene este mundo del que yo estoy enamorado. – dijo Ícaro.

– ¿Así que quieres que alguien deje todo lo que tiene y te acompañe? – dijo una voz sin nombre que surgió de en medio del grupo de gente.

– Así es, esa es la idea. – dijo Ícaro de manera sonriente.

Entonces tan pronto cuando Ícaro terminó de responder la pregunta, se empezaron a oír voces por todo el local que decían:

– ¡Llévame a mi! – dijo uno

– ¡No, yo¡Llévame a mi, seremos amigos! – dijo otro.

– ¡Yo, yo! – Dijo otro mas

-¡¿ Seré yo?!, ¿A que me llevarás a mi? – dijo otro

Y cuando Ícaro se quiso dar cuenta de la situación que había creado, las voces eran cada vez mas fuertes. Esto era debido a que todos los presentes estaban discutiendo acaloradamente entre ellos

para acordar quién le acompañaría en su viaje. Ícaro, quién notó como en breve las discusiones podrian concluir en algo físico, avisó a Rigoberto:

– Rigoberto, ¡La campana de las propinas! – dijo Ícaro

Entonces Rigoberto, quien entendió la situación al momento, hizo sonar dicha campana repetidas veces, cada vez mas fuerte hasta que el sonido se convirtió en algo ensordecedor y los presentes dejaron de discutir al ver sus voces mitigadas con el sonido estridente de la campana. Después, este habló y dijo:

– ¡Señores, por favor! ¡Que somos todos amigos y vecinos, y la decisión no esta en vuestra mano! –

Y de manera muy seria y sin la mas mínima expresión en su cara, Ícaro habló:

– Todo lo contrario Rigoberto, la decisión si está en sus manos, o al menos, estaba. –

Entonces se giró y miró al grupo de personas que lo rodeaban y continuó diciendo.

– Todos vosotros teníais la oportunidad de acompañarme desde el momento en el que entre en este pintoresco establecimiento, pero vuestros prejuicios, malas maneras, falta de confianza y xenofobia

han decidido por vosotros. Y vuestros problemas no deberían hablar por vosotros. –

Entonces, de repente habló una voz ronca pero algo apagada que surgió del fondo.

– ¿Entonces no te acompañará nadie? ¿Es eso? ¡Pues vete! ¡Vete a por tu tesoro de marras y no vuelvas! De todos modos, ¿Qué posibilidad tenía cada uno de ir contigo? –

A lo que Ícaro respondió:

– Tenías una posibilidad entre trece que es el número total de personas presentes en el bar. Pero la

mayoría me habéis despreciado y os habeis burlado de mí, así que ninguno de vosotros va a acompañarme.

Todos vosotros salvo dos personas me tratasteis mal. Todos menos Rigoberto, quien dudo que pueda venir, ya que tiene un negocio que dirigir…-

Entonces Rigoberto intervino cortándole la frase:

– Si, Ícaro, lo siento ,pero no puedo dejar esto, ya te había dicho que es herencia familiar. –

-…Y el chico que estaba antes sentado al lado de Jack en la mesa. – Terminó diciendo Ícaro.

Entonces todos se quedaron pensativos un segundo antes de buscar con la mirada al mencionado muchacho.

Al momento una voz de adolescente surgió del fondo del grupo:

-¿ Yo? – dijo el joven sorprendido.

Todos se apartaron dejando un pequeño pasillo entre Ícaro y el muchacho. A lo que Ícaro respondió:

– Si, tú. Dime chico, ¿Cuál es tu nombre? –

– Ismael. – contestó el chico.

– Ismael. Tú al igual que Rigoberto también me respetaste, pues en ningún momento te mofaste de mi. Es por eso que te doy las gracias de nuevo. –

– Ah, pues…De nada – respondió de nuevo Ismael de manera apática.

Y tras brotarle a Ícaro una sonrisa de oreja a oreja, le preguntó al muchacho:

– Ismael, ¿te gustaría acompañarme a recorrer el mundo en globo e ir a buscar el tesoro?-

Al momento Ismael abrió la boca por el asombro y le empezaron a brotar grandes y pesadas lagrimas de los ojos cuál agua que cae por una catarata.

Al cabo de unos segundos de alegría, Ismael consiguió vocalizar y dijo:

– ¿De verdad? ¿Yo? –

A lo que Ícaro respondió impasiblemente.

– Si, de verdad. Me gustaría que me acompañes. –

Pero Jack que hasta ahora estuvo callado,entro en cólera y dijo:

– ¡Eh, tú!, ¡No te llevarás a Ismael, el trabaja conmigo y como su jefe, yo decido por él! ¡Y desde luego que me niego a que vaya contigo! –

Entonces las lágrimas que antes era de alegría fácilmente se tornaron en lágrimas de profunda tristeza y frustración. Ícaro miró a Ismael y al ver su tristeza tras la brusca contestación de Jack, frunció el ceño, pegó un fuerte puñetazo en la barra y dijo malhumorado y alzando la voz:

– ¡Eso es inaceptable! ¡Todo ser humano nace con el derecho de decisión y muere con él! ¡ Él no te pertenece y tu no decides por él! ¡Es simplemente inhumano!- Y continuó diciendo ya mas calmado y dirigiéndose al joven – Ismael, quiero que sopeses bien mi propuesta mientras me termino mi copa de whisky.

Cuando termine el whisky, te preguntaré la respuesta, y sea cual sea tu decisión, lo entenderé. –

Ícaro se giro en su silla y se puso de frente a la barra, cogió su whisky y le dió un pequeño sorbo, volvió a mirar el vaso y lo dejó donde estaba y como oía de fondo a Jack y a Ismael discutiendo, decidió no meterse y conversar con Rigoberto:

– Rigoberto, que buen whisky tienes. ¿Lo hacéis en la isla verdad? – dijo Ícaro.

Y Rigoberto quien estaba medio distraido por la discusión entre Jack e Ismael a la vez que le sacaba brillo a un vaso con un viejo trapo gris, contestó:

– Pues si, lo hacen muy cerca de aquí unos vecinos muy amables, al parecer son una familia escocesa que cansados de su rutinaria vida en Escocia, decidieron hacer un viaje de una semana a esta isla y les gustó tanto que decidieron quedarse para siempre. Y como no sabían que hacer para ganarse la vida, empezaron a fabricar el producto estrella de su país, y la verdad es que se vende muy bien, tanto en el bar como en toda la isla. Se puede decir que triunfaron. –

– Hm…Que interesante historia. Y mas que se va a vender, pues me gustaría comprar seis botellas. –

dijo Ícaro.

– Pues aquí tengo tres cajas. Dejame ir un momento al almacén a buscarlas y te las vendo.- dijo Rigoberto.

– Vale, Perfecto. Ve al almacén a por ellas mientras termino la bebida y saco el dinero. – dijo Ícaro terminando la conversación.

Rigoberto bajó por unas escaleras de madera que hay debajo de una trampilla en el suelo tras la barra mientras Ícaro apuró el último sorbo de whisky que le quedaba en el vaso.

Una vez no quedó nada en el vaso, se giró y se dirigió a Ismael diciendo:

– Ismael amigo, espero que hayas tomado una decisión porque me marcho en un momento. –

Entonces Ismael, nervioso, empezó a mirar a Ícaro y a Jack repetidas veces.

No sabia que decir hasta que se fijó en un detalle. Un detalle que estuvo ahí desde el principio. Un detalle decisivo.

Este era la expresión facial de ambos. La de Ícaro era una sonrisa de oreja a oreja que cuando uno la miraba se olvidaba de todos los problemas, pues era verdaderamente tranquilizante y acogedora.

Provocaba esperanza a la par que te transmitía que todo iría bien. Y todo lo contrario mostraba la expresión de Jack. Un ceño fruncido que mostraba mil y un enfados dispuestos a ser pagados con el primero que hiciese algo que a él no le agradase.

Una cara de enfado que alejaba a la gente del miedo que provocaba. Una cara de espanto que en vez de transmitir calidez y sosiego como la de Ícaro, transmitía rabia y penurias. Ismael lo entendió perfectamente, y dejó de estar triste para sentirse paulatinamente mas contento.

Las lágrimas le dejaron de brotar de los ojos y pasearse a sus anchas por sus mejillas. Una vez mas tranquilo, éste se dirigió a Ícaro, quien había dejado de mirarle para centrar su mirada a cada detalle del bar como hizo nada mas entrar, como si estuviese estudiando cada pequeño detalle para así no olvidarse nunca de ello, y dijo:

– ¡Eh Ícaro!, ¿Cuando nos vamos? –

Ícaro, cuando este le respondió, volvió a centrar su atención en el muchacho, y tras no poder contener su alegría, gritó a la vez que reía de felicidad:

– ¡Rigoberto, que sean 8 botellas! –

– ¡Marchando! – respondió Rigoberto desde el subsuelo mientras buscaba el brebaje.

Tras salir del almacén con las ocho botellas en una caja hermética de madera, le dijo a Ícaro:

– Así son veinte dólares. –

A lo que Ícaro le respondió:

– Toma treinta y quédate con el cambio buen hombre. –

– ¡Oh, muchas gracias Ícaro!- dijo Rigoberto de muy buena gana, feliz por la gran propina que este le había dejado sin motivo.

– A ti. – respondió – y espero que nos volvamos a ver pronto, pues ya nos marchamos. ¡Ismael!

¿estas listo? –

– Si, aquí ya no me retiene nada. – respondió de manera segura Ismael.

Y mientras Jack le empezó a gritar y le decía al muchacho que no se podía ir porque le pertenecía, ambos salieron por la puerta del local con una sonrisa de alegría y ocho botellas del mejor whisky de la isla. Una vez fuera, miraron ambos al globo aerostático.

Mientras Ismael contemplaba el globo por segunda vez de una manera abismada, Ícaro lo miraba a él de reojo. Tras unos segundos, avanzaron hacia el globo. Ícaro subió trepando por la cuerda y no tardó mas de un minuto.

Hizo parecer dicha tarea bastante fácil, cosa que desde luego no es, pues se requiere de una fuerza bastante grande del tren superior del cuerpo. Una vez dentro de la barquilla, avisó al muchacho de que le tiraría la escalera para subir y gritó desde arriba:

– ¿Seguro que podrás subir con la caja de botellas? –

(Pues la caja había quedado en tierra firme con el chico mientras Ícaro trepaba al globo.)

– Sin problema. – respondió Ismael.

Inconscientemente Ismael se dió cuenta de que ésta era la primera prueba de Ícaro para saber si estaría a la altura de tan duro viaje, y pensó: ¿Así que me pruebas, eh Ícaro? Pues vas a ver de lo que soy capaz.

No tan veloz pero si firme, Ismael consiguió subir a la barquilla. Una vez dentro y mientras Ícaro recogía la escalera y cortaba la cuerda, dijo:

– Vaya, parece un sitio acogedor, ¿dónde dejo la bebida? –

Ícaro sonrió y respondió:

– Justo detrás tuya, con el resto de los víveres, abre esa trampilla y guárdalas bien, no queremos que se rompan si llega una racha de viento inesperada y agita de mas el globo.

Una vez Ismael dejó la caja de whisky a buen recaudo, miró hacia abajo para saber que se sentía el ver todo mas pequeño, y observó como todos los presentes del bar estaban fuera mirando hacia arriba y saludando con el brazo para despedirse. Ambos devolvieron el saludo y cuando estaban ya suficientemente alto y lejos miraron al horizonte, mas concretamente a la puesta de sol.

Una bella puesta de sol de la que Ismael jamás se olvidará. Mientras este la divisaba y sin apartar la mirada, le dijo a Ícaro:

– Ícaro, antes estaba triste. Llevaba pescando con Jack seis años y desde los últimos dos no hemos pescado nada que mereciera la pena. Soy tan joven…Sé que si no te hubiese acompañado, hubiera tenido un futuro muy negro.

-Lo sé amigo. – respondió Ícaro

Después de una breve pausa el muchacho dijo:

– ¿Tu crees que el tesoro existe y sigue donde te dijeron?

– Si. Pero si no hay semejante tesoro, siempre nos quedará uno mayor. – respondió Ícaro

-¿Otro tesoro aun mayor? – volvió a preguntar Ismael sorprendido

– Si amigo, si. Pues lo que ahora estas viendo, es el mayor tesoro que tendrás jamás. –

FIN.

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